Los restos de comida representan entre el
40 y el 50% de nuestra basura. Si separamos en el domicilio
la materia orgánica y la ponemos en el contenedor marrón,
estos residuos irán a la planta de compostaje de Botarell
y se producirá adobo que podremos utilizar en jardinería
o para conrear.
Si la materia orgánica va a parar
a los desperdicios, una parte se incinera y se malgasta energía;
otra parte va al vertedero, donde al fermentar produce metano
(CH4), un gas invernadero cincuenta veces más potente
que el dióxido de carbono (CO2).
Si mejoiramos la separación, el rechazo (residuos
y basura que van a parar al cubo de la basura normal)
bajará.